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El tema argumental de Contigo, pan y cebolla ya no pertenece a Cuba, sino que se expande hacia muchísimos pueblos de América Latina que tienen la misma situación que se narra: la familia de baja extracción económica que se debate entre la realidad cotidiana y lo aparencial. La comunicación fluida, el realismo, el "color local latinoamericano", la recreación minuciosa, y la mirada cargada de humor son los signos recurrentes en estas piezas.

Esta pieza es el reflejo de la historia de una familia centrada en el personaje de Lala Fundora, una de las criaturas escénicas más conmovedoras de la dramaturgia cubana y ya latinoamericana. Su tragicómica lucha por mantener las apariencias, su ternura no confesada por el marido y ese deseo, casi quijotesco, de que sus hijos sean “otra cosa” le confieren una especial categoría dramática. Los recursos de lo cómico fluyen con naturalidad y van desde el chiste verbal hasta las situaciones ingeniosas o insólitas. La escena en la que la familia se esconde de la vecina para comer sus huevos fritos, resulta de un dinamismo y un encanto ejemplares. “Contigo pan y cebolla” es una comedia de los años 50 habaneros y que hoy pueden ser el reflejo de muchas ciudades latinoamericanas que batallan entre la pobreza y la incertidumbre impuestas por el medio social y economico”.

La actualidad de la obra está en que las diversas situaciones que vive la familia en escena son similares a las de muchas familias latinoamericanas en la actualidad que enfrentan problemas económicos y sufren las consecuencias de las alzas en la canasta básica y los bajos salarios. Los diálogos entre los hermanos Lalita y Anselmito, o las intromisiones de la tía Fefa y las llamadas telefónicas de la vecina de la familia, desencadenan las risas y las mayores reflexiones entre el público de cualquiera de nuestras ciudades latinoamericanas. (Pérez, R. 2007)